Se quedó petrificada mirando aquellos radiantes ojos grises, tan
cristalinos que no parecía la mirada que recordaba. Tenía su boca increíblemente
próxima, justo como ella llevaba meses deseando. Quería que esa mano brusca que
le había aprisionado uno de sus pechos bajara hasta encontrarse la fuente de su
virginidad y se la robara a arañazos. Suspiraba por encontrarse con esos labios
que la llamaban tanto como su piano y arrancar a mordiscos millones de besos
llenos de ira y ternura; tal y como siempre había imaginado, pero una voz en su
interior la gritaba: ¡PELIGRO! a cada bocanada de aire que inhalaba. Esto no
era uno de sus sueños, ni uno de sus libros... esto estaba pasando de verdad.
- Sí, ¿qué?- le dijo tratando de controlar todo ese fuego que le
desgarraba por dentro impidiéndole pensar con claridad.
- Deseo... -dudo unos instantes pensando: " deseo que me arranques
la ropa y profanes mi cuerpo hasta que sea presa de tu fuego y me fundas
contigo, como hago yo con la música", pero dijo: deseo que me sueltes,
Liev, por favor... ¿Por qué me haces esto?... – le miró con miedo imaginando
que clase de ser podía estar frente a ella, no podía ser humano y todo se le
estaba escapando de las manos. Esto era la vida real… ¡QUE COÑO ESTABA PASANDO!
Liev no contestó.
- “Tú eres la única culpable de tu destino. Te advertí, fui bueno
contigo... te entretuve jugando a tus estúpidos jueguecitos... ¡incluso te
ayudé!, y ahora haces esto...”- Las palabras que él podría estar pensando
fluían por la mente de Gabrielle y al mismo tiempo tuvo ganas de llorar al
sentir como se humedecía por completo bajo el ceñido pantalón vaquero. No sabía
qué hacer. Su cuerpo luchaba contra su cabeza en una guerra como jamás se había
librado.- “No he hecho nada malo... yo creí que te habías marchado... solo
quería...”- pensó. Realmente no sabía que decir ante su captor.
Acababa de secuestrarla y la había maniatado y amordazado arrojándola en
la oscuridad, en un lecho que a su juicio no era nada agradable, debería de
tener miedo, pero no sabía muy bien por qué no era así. Olía a humedad y se
podía escuchar alguna alimaña correteando por el suelo, pero ella solo tenía
sentidos para él. Él y su divina fragancia que la inundaba obligándola a
excitarse y aceleraba las pulsaciones de su corazón, el cual cabalgaba a un
ritmo frenético. Sentía el calor que desprendía su entrepierna y deseaba con
toda su alma tocarlo y comprobar que realmente ocultaba algo tan duro y cálido
como su voz, como su mirada... pero el silencio cortaba.
El aire impulsado por su respiración sobre su piel la erizaba hasta el
último vello del cuerpo. Lo necesitaba, no cabía duda alguna, necesitaba
sentirle embistiéndola con fuerza mientras la agarraba con firmeza por el pelo
y respiraba con pasión sobre su oído... era lo que más necesitaba. Su corazón
continuaba desbocado, como jamás lo había tenido.
- Me merezco tu ira, es cierto. He vuelto a ofenderte... perdóname.- Le
miró con cierto recelo y sin oponer mucha más
resistencia, notando el pecho estallar, le ofreció sus labios cerrando los ojos
dócilmente.
Liev la observó entregarse tan rápido a sus deseos que sintió una
punzada de orgullo en su interior, había sido tan fácil regresar a ese
estado... tanto tiempo luchando contra sí mismo, para ahora ver como ese
pequeño bálsamo se deshacía entre sus dedos suplicando literalmente que acabara
con su existencia. Se inclinó los escasos centímetros que restaban de la boca
de Gabrielle y la besó apasionadamente.
Mientras sus lenguas se entrelazaban, Liev agarraba la cabeza de
Gabrielle con suavidad pero firmeza, obligándola a moverse donde él quería, se
sentía raro, y ella notó que se mareaba y la costaba ligeramente respirar. Su
corazón le dañaba en el pecho por los terribles y rápidos golpes y de pronto comenzó a
sentir un extraño cosquilleo que la recorrió entera, como una corriente
eléctrica, fue perdiendo las fuerzas poco a poco hasta que finalmente, y muy
lejos de desearlo, se desmayó en los brazos de su captor.






