lunes, 3 de junio de 2013
El secreto de la lujuria
Nunca había hecho el amor con nadie, eso era cierto, pero también lo era que conocía a la perfección como funcionaba y no le eran extrañas las sensaciones que su cuerpo le expresaba cuando la necesidad física le agobiaba. Esta mañana se había levantado con esa extraña sensación, algo poco frecuente en ella, pero siempre clara.
Hacía semanas que había decidido volver a una vida normal y tranquila pero su cuerpo continuaba pidiéndole que regresara a la casa de enfrente, le necesitaba... ¿por qué demonios no se le pasaba ya?; no lograba entender nada.
Se levantó de la cama con la mente consumida por un solo pensamiento... ¿Dónde habría dormido Liev mientras mantuvieron su correspondencia? Estaba completamente segura de que él ya no habitaba en la casa abandonada, la había estado vigilando cuanto había podido y no le cabía duda de que estaba completamente vacía.
Bajó a desayunar. Su padre ya se había ido a trabajar y su madre debía de estar durmiendo placidamente. La enfermera que habían contratado para cuidarla hacía su trabajo a la perfección y se la veía muy buena persona; cosa que agradaba a Gabrielle sobremanera. Se tomó su café y como cada mañana trató de tocar un rato, pero el ensayo no le fue nada bien... esa extraña sensación que se había aposentado en su bajo vientre producía que sus nervios estuvieran a flor de piel todo el tiempo.
Pasado el medio día y sin ver movimiento alguno en la casa, como era normal, salió de la suya y atravesó el jardín para acceder al interior una vez más, pero esta vez no por la puerta principal, ni por el patio interior; había visto una tremenda enredadera en la parte de atrás y debía de conducir a ese piso superior al que no podía llegar utilizando las escaleras, ese era su objetivo. Se encaramó a ellas comprovando su consistencia y parecía que aguantaban bien su peso. Recordó la prohibición que tenía sobre la casa pero no la importaba lo más mínimo, algo de ejercicio la vendría muy bien para quitarse ese malestar y desde ese lado nadie la vería entrar aunque pasaran por mitad de la acera.
Trepó y llegó a una ventana que se abrió tras un breve empujón de su brazo. Parecía un baño. El vater y la bañera estaba rotos y llenos de porquería, además el suelo no parecía muy estable pero soportaría su incursión, al menos esa vez.
Salió del habitáculo con mucho cuidado y encontró una puerta justo al lado de las escaleras, era la única del corredor que estaba abierta; de las otras tres, una tenía el acceso cortado por los escombros y las otras estaban bien cerradas.
Cuando entró en el cuarto se quedo petrificada; había una preciosa cama con su dosel apolillado de matrimonio llena de polvo y telarañas que parecía estar en buen estado, alguno muebles rotos que dejaban ver unos bonitos grabados florales y un maniquí de cuerpo entero que se manifestaba justo delante de un viejo espejo partido, le parecía una habitación de ensueño. Sonrió. Se puso a jugar con el maniquí imaginándose una maravillosa conversación y solo pensaba el Liev. No dijo una palabra; encendió su mp3 donde comenzó a sonar The Regulator de The Clurch, tomó al muñeco en sus brazos y quitándole el polvo de la cara lo besó en sus labios de madera inertes. Encaramó su pierna sobre la cadera de la figura y la rozó de una forma obscena al ritmo de la melodía, imaginandose a cada momento las manos de él sobre su cintura, sobre su espalda... justo lo que necesitaba en ese momento. Fue desplazando el juguete hasta dejarlo frente a la cama y mirando a ambos lados y asegurando su soledad se arrojó sobre ella Se mordió el labio inferior imaginando a la estatua como a su querido Liev, o Lewis, o cualquier otro nombre que le hubiera dado y se acarició el rostro bajando por su cuello hasta su pecho izquierdo y acto seguido a su pierna. Se quedó allí tumbada un rato largo sin hacer más con esa extraña sensación de sentirse observada sin estarlo, inundándose del olor a humedad y a polvo. Le dio igual ensuciarse, ya se sentía bastante sucia, y le daría igual que la vieran. Rió imaginando como el maniquí cobraba vida y se abalanzaba sobre ella, abriéndole las piernas con brusquedad para reclamar algo más a parte de un beso de principiante.
Se levantó sorprendida de lo dura y resistente que era la madera de la cama, menos carcomida de lo que se imaginaba y volvió a salir de la casa. Se había sentido tan cómoda que decidió que trasladaría su sala de lectura a ese cuarto la próxima vez que entrara, tal vez así pudiera inspirarse para poder componer nuevamente, desde la canción que había hecho para Liev no había podido hacer nada más y aun no entendía a qué venía ese bloqueo.
Volvió a su casa para poder cenar con su padre. Últimamente su relación se había estrechado bastante y subió a su cuarto para poder escribir en su diario.
martes, 28 de mayo de 2013
Cuando se silencia la música
Imagen: http://www.maggiesplace.net
«Creo recordar que era algo común en un signo
zodiacal, pero no puede aplicárseme porque nunca creí en ello. Solo creo en mí,
en lo que he visto. En mi mundo de nada sirven los misticismos.
»He estado esperando que vuelva, es cierto. He
deseado la desobediencia pueril de una niña, quizá más conscientemente de lo
que me gusta reconocer, he esperado que regrese a mis brazos y se aterre teniéndome
delante. Debería celebrar que no lo hizo, que finalmente escuchó mis consejos y
se mantuvo a salvo, debería… ¡Qué extraños son los resquicios que me quedan de
la vida! ¡Qué extraño placer sentí pretendiendo transformarla en alguien cauto,
en una anciana, sobre todo cuando ahora echo en falta a la inocente
exploradora, a la aventurera criatura que con mi insistencia he transformado en
prudente. Le he enseñado lo que es el miedo, levemente, pero ya lo conoce.
Ahora debería estar pletórico, al fin la asusté…»
Aunque sinceramente, las noches de silencio se
llevaban mejor cuando vigilaba su morada temiendo una nueva intromisión, una
ráfaga de perfume extraño. Al reinar tanta calma, solo sentía añoranza por ese
leve periodo de tiempo emocionante, cuando divisó en estado de alerta, cuando
aquella chiquilla estuvo a punto de descubrirlo todo.
Liev miró la luz de la ventana que salía de la
casa de enfrente, y como si sus pensamientos hubieran alcanzado a Gabrielle, al
instante comenzó la música. Admirado por el pequeño milagro que acababa de
suceder, abrió la ventana para dejar que las notas le tocaran, intensas,
profundas.
Era Liszt.
Cuando la canción cesó fue él quien caminó
hasta su piano. Sentado frente a las teclas limpias tras la visita de
Gabrielle, también parecía el instrumento echarla en falta. Conocerla le sentó
bien a ambos. Inseguro, colocó sus dedeos sobre las teclas pero los retiró en
el acto. Un día supo tocar el piano, pero esa noche no se atrevía a hacerlo de
nuevo. No, no lo haría, ni esa ni ninguna otra. Si la pianista lo deseaba era
suyo, algún día le confesaría que lo fue desde el primer momento.
«Puede que toque algo más» pensó. Al momento
una idea peregrina le hizo sonreír: «¿Y si me asomo a su ventana? ¿Y si la veo
tocar?».
En un pestañeo, Liev había abandonado su
guarida siguiendo las notas extintas de un piano en silencio. Lo encontró
vacío, pero ¿dónde se escondía la pianista?
Se impulsó subiendo a un árbol cercano desde
el que pudo verla yaciente en su dormitorio, concentrada, escribiendo. Por un
momento se preguntó si acaso fuera una carta para el monstruo de la casa de
enfrente, desechando la triste idea: «¿Qué te inquieta exploradora? Tu madre ha
vuelto, ¿por qué no sigues tocando? Hazlo para mí Gabrielle, toca para mí…»
Y como si la exploradora le hubiera escuchado
se puso en pie para bajar al primer piso. Escondido en la oscuridad de una
noche sin luna, Liev agradeció el cristal que le separaba de un bálsamo tan
apetecible como ella, sentada al teclado con su pequeño camisoncito granate.
lunes, 13 de mayo de 2013
Regreso
Mamá volvió a casa. Después de tanto tiempo sus funciones vitales se había estabilizado y más o menos podía comenzar a defenderse por si misma. Había perdido ciertas capacidades pero lo más necesario volvía a estar en funcionamiento.
El reencuentro con su madre hizo que Gabrielle olvidara la mayor parte de sus problemas; llevaba muchos días sin saber nada de la casa de enfrente aunque se había sentido muchas veces tentada en volver a entrar. No había escuchado ni una sola nota de ese piano que le había costado tanto trabajo arreglar así que captó el mensaje. El habitante se había marchado y era muy evidente que no tenía ninguna gana de volver a saber de ella... la entristeció pero lo afrontó con madurez y decidió poner el practica el consejo que le dio Liev después de mucho renegar de ello; se acabó la tontería y los jueguecitos de niña, tantas nubes en la cabeza y tantos fantasmas absurdos.
Abrazó a su madre con toda su alma y sonrió tranquila mientras una pequeña lágrima resbalaba por su mejilla. Lo peor había pasado y se alegraba. Su padre la besó acto seguido.
- Voy a subir a mamá a la cama, ¿por qué no tocas un poco para ella?, echa de menos tu música, me lo ha dicho muchas veces. - sonrió con candidez y la mujer hizo lo mismo asintiendo. El habla y parte de la zona del recuerdo se había visto muy afectadas y aún no se habían recuperado bien, pero los médicos era muy positivos con su diagnóstico. Gabrielle se sentó al piano e interpretó Liszt para su madre; era su favorito.
Transcurrido un rato su padre bajó y la miró de una forma agridulce pero no dijo nada dejando que las notas de su hija se elevaran hasta el piso superior. Terminada la pieza, Gabrielle se levantó y sacó una copa que llenó de brandy para su padre.
- Papá... ¿qué pasa?
- Gabby, mamá no está demasiado bien. Ahora necesitamos ser fuertes por ella. Nos va a llevar mucho tiempo que se recupere, de hecho no me han asegurada que vaya a hacerlo. Esto te lo cuento para que te hagas a la idea, ya eres mayor para asumir cosas. Todo ha sido culpa mía... siempre ha sido todo culpa mía.
- No te preocupes papá. Todo acabará por pasar. - depositó un beso en la mejilla de su padre y subió a su habitación. Su madre ya dormía. Una vez allí sacó una pequeña libreta negra que le había regalado su prima hacía tiempo y con su boli favorito comenzó a escribir:
13 de Mayo
Mamá ha vuelto a casa... No esta recuperada del todo, pero con cariño y constancia sé que se recuperará y seguiremos adelante. Papá también está cambiado, todo este tiempo con ella ha debido servirle para pensar sobre todo lo que nos ha pasado y eso es muy positivo. Es posible que a partir de ahora mi familia tome un ritmo diferente de vida y ciertamente me alegro mucho.
He decidido centrarme en mis cosas; el piano, las clases, mi familia... Poco a poco se que el nombre de Liev desaparecerá de mi cabeza. Mi cuerpo parece necesitarlo como el beber, y aún no se a qué viene esa sensación cuando realmente no conozco de nada a esa persona, además... ya no importa, creo que se ha ido de la casa de enfrente. Todo esto ha distorsionado mi realidad de una forma que da hasta miedo, pero la verdad es que soy pianista; soy una buena pianista de una familia acomodada, esa es la realidad y no es nada difícil de asumir. Hoy he vuelto a..."
Dejó de escribir y se recostó sobre la cama dejando la libreta en el alféizar de la ventana, abierta por el calor. Sonrió al sentir a su padre abajo, muy contenta de volver a escuchar ruidos por la casa.
miércoles, 17 de abril de 2013
Pequeño inciso xDDDDDDD
A los seguidores de este misterio de la casa de enfrente:
Como sabréis, somos dos escribiendo en este blog. Bueno, pues una de nosotras está a punto de dar a conocer un pelotazo importante del que desvela parte en la entrevista que le han hecho para el blog Unpocodeinfo.
Os dejo el enlace por si os apetece echarle un ojo ;)
http://unpocodeinfo.blogspot.de/2013/04/entrevista-miriam-alonso.html
Tras el inciso, dejemos que Liev y Gabrielle sigan con su historia jejejje.
miércoles, 3 de abril de 2013
Segmentos
¿Qué no puedes dejar así, Gabrielle? ¿El piano?
Oh, sé que has vuelto a venir a casa, eres tan descuidada y desobediente cuando te lo propones que me enfermas de puro nervio: te avisé de que no lo hicieras, te insté a mantenerte viva, pero tú, rebelde bobalicona, pareces tener menos ansia por respirar que un pez fuera del líquido elemento.
Oh, sé que has vuelto a venir a casa, eres tan descuidada y desobediente cuando te lo propones que me enfermas de puro nervio: te avisé de que no lo hicieras, te insté a mantenerte viva, pero tú, rebelde bobalicona, pareces tener menos ansia por respirar que un pez fuera del líquido elemento.
Liev tomó aire, furioso, antes de continuar.
No quieres dejarlo así… Me intrigas e irritas a partes iguales. He dado por hecho que hablas del instrumento que tanto te atrae, ya que sé que no albergas el menor cariño hacia mi persona…
Escribió rasgando con fuerza el papel bajo la pluma. Antes de su encuentro habían tenido una cándida despedida, incluso habría perdonado que volvieran a verse después, en semejantes circunstancias. Liev la habría olvidado, quedando la historia incompleta y digna de un romántico facsímil del siglo XIX, pero no… con aquella nueva e inoportuna visita, recordó el motivo principal que forzó su encuentro: Gabrielle se aventuraba al peligro junto a un hombre de moral cuestionable… Gabrielle no sentía nada por el estúpido que sujetaba la pluma con fuerza, pensando cómo continuar la carta.
…y te lo agradezco, no podría encontrarte más insufrible. ¿No comprendes que nada puedes obtener con tu conducta? ¿No entiendes que mis consejos están enfocados a tu bienestar? Pues de acuerdo, no te daré uno más. Haz de tu vida cuanto te plazca pero por el amor de Dios, déjame tranquilo. No quiero sentirme responsable de ti, no quiero saber más de ti…
Releyó tres veces las últimas palabras que pensaba dedicarle. Supo cómo iban a ser recibidas por la exploradora, lo supo a la perfección, y acto seguido rompió en pedazos la carta que comenzó a escribir sobre la tapa del piano.
No podía hacerlo, no podría dársela aunque quisiera.
Confuso, se encerró aquella noche inundado por el aroma de La Exploradora.
El gélido viento hizo esparcirse los papeles por la sala del piano, quedando únicamente sobre él un segmento, éste rezaba:
“comprendes que nada puedes obtener con tu conducta? ¿No entiendes que mis consejos están enfocados a tu bienestar? Pues de acuerdo, no te daré uno más. Haz de tu vida cuanto te plazca pero por el amor de Dios,”
miércoles, 20 de marzo de 2013
Profunda Meditación
No estaba segura de lo que había pasado la noche anterior. ¿Podía ser posible que su cabeza le hubiera jugado una mala pasada con el chico de anoche?, ¿exístia la posibilidad de que se hubiera imaginado que Lewis le llamó "exploradora" porque su mente necesitaba creer que así había sido?...¡claro que podía ser! Había bebido mucho, la dolía la cabeza y recordaba cosas a trozos, así que estaba claro que todo había sido producto de su imaginación. Lo bueno de todo esto fue darse cuenta de la necesidad que sentía hacia Liev, era demasiado extraño como para ser normal. Una atracción demasiado intensa para tratarse de algo corriente; era como si su cuerpo le exigiera acercarse a él, como si realmente se tratara de alguien muy importante. Sentía miedo, pero a la vez tranquilidad, cuando leía sus cartas y al tratar de negárselo se había vuelto como una drogodependiente en busca de su dosis diaria, fuerte, demasiado profunda... como si le conociera de antes, como si siempre hubiera estado ahí. No lo entendía pero nada podía hacer para evitarla. Comenzó una nueva nota; corta y concisa, sin esperar respuesta posible.
"Liev... Perdóneme, pero no puedo dejarlo así."
Gabrielle poseía conocimientos de organología, restauración y afinación, era necesario si pretendía conocer a fondo su instrumento y se había propuesto recuperar el piano de la casa abandonada. Volvió a ella al día siguiente, muy temprano, con todo lo necesario para llevar a cabo dicha empresa.
La marca fue lo primero que le llamó la atención; un Blüthner de pared, de un bonito color caramelo. Era increíble ver algo así y en esas condiciones allí... como si la hubiera estado esperando todo el tiempo. No encontró el año de fabricación pero por su aspecto parecía que tenía unos 150 años, aproximadamente. Comenzó a trabajar con mucha ilusión.
Lo afinó, pero no cambió ni el clavijero, ni tocó la madera, todo parecía estar bien y aunque estaba claro que necesitaba restaurarse, no era una prioridad para aquel magnífico instrumento. Cualquiera podría haber entrado a robarlo y se habría llevado una pequeña fortuna... si no pertenecía a Liev, ella haría que fuera suyo. Le aliviaba estar dentro de aquella húmeda casa, el olor, la madera... todo la concedía una tregua con sus pensamientos.
-" ¿Me estaré enamorando?, ¿puede ser eso?...no....no,no,no y no. Esta dependencia tiene que ser otra cosa... - pensó mientras tensaba las cuerdas con delicadeza.
Cuando terminó, tras varias horas de trabajo, comenzó a sentir hambre. Había pasado el mediodía pero aún faltaba un rato para que anocheciera. Se había olvidado su reloj pero calculaba que debían de ser las siete de la tarde. Se sentó frente al instrumento prácticamente recuperado y posó su manos en el teclado sin emitir ningún sonido, respiró profundamente e interpretó la composición que había hecho para él de memoria sin que sonara nada en el exterior, mientras que en su cabeza vibraba la melodía con mucha furia. Cerró los ojos y se dejó llevar largo rato.
Sin darse la menor cuenta, sus manos comenzaron a pulsar con pasión las teclas y el hermoso sonido inundó la vieja casa, haciendo que un escalofrío la recorriese entera, mientras el Blüthner cantaba magnífico arrancando lágrimas a las almas humanas; no existía nada más... sólo la música, solo el amor, la pasión por el instrumento. Dibujó una sonrisa en su rostro pero no abrió los ojos. Se sentía bien, en paz, todo era perfecto; el mundo enmudecía para escuchar por primera vez en varios siglos.
De pronto se dio cuenta de lo que estaba haciendo y paró en seco, levantándose con brusquedad. Negó con la cabeza pensando en el rato que llevaba tocando y reflexionó sobre sus propios pensamientos; ¿cómo podía haber pensado siquiera en dejar de tocar?, se maldijo a si misma olvidando a Liev y todos los consejos por un momento.
Finalmente y tras observar que todo estaba bien, se fue de la casa dejando el papel sobre la tapa cerrada del precioso piano.
lunes, 11 de marzo de 2013
En casa...
Gabrielle se quedó hipnotizada por los increíbles ojos del chico; uno de cada color, le pareció maravilloso, además no le cabía duda de que el chico flirteaba con ella.
- ¿Peor que lo que ha pasado esta noche...?, no puede haber algo peor...- Sonrió tomándose a broma su comentario.
-Eso es relativo, aunque supongo que no para alguien como tú...
-No pareces mucho más mayor que yo...¿quien eres? aun no me has dicho como te llamas... - le miró desconcertada pensando que parecía mucho más mayor de lo que aparentaba.
-¿De verdad te interesan mi nombre o mi edad? -preguntó riendo. Comenzó a sentir que el ansia se relajaba, había ganado la batalla a la fiera, no pensó que pudiera suceder, pero finalmente Gabrielle sobreviviría a su encuentro.
- No me importa tu edad lo más mínimo... pero me gustaría saber como se llama el chico que me ha salvado...- dijo encongiéndose de hombros.
-Lewis -respondió tras dudar un momento.
Dio un pequeño respingo, otra L ... Recordó con tristeza las palabras de Liev en la carta y su rostro se ensombreció.
- Encantada Lewis... discúlpame un instante, voy a servirme el café. - El dolor de su cabeza se había ido acentuando por momentos.
Liev observó como se alejaba hasta la cocina mientras daba un sorbo al delicioso borgoña. No pintaba nada allí, absolutamente.
-Es un prudente momento para retirarme, no quisiera convertirte en algo que no quieres ser -comentó sonriendo. No la convertiría en murciélago, hacía siglos que nadie le confundía con un vampiro-. Me aguarda un largo camino hasta casa -dijo celebrando la broma que sólo él conocía.
- ¿Convertirme en algo que no quiero ser...?- murmuró. Le miraba completamente confundida.- Está bien, te acompaño a la puerta... ¿Quieres pedir un taxi desde el teléfono? Me da algo de cosa que te vayas andando desde tan lejos...
-No te preocupes, tengo mis medios. Quédate dentro, hace frío.
Se sentía muy extraña, era un hombre extraño ese Lewis, parecía que la conociese, pero a la vez era distante y frío. Parecía que hablaba entre lineas y eso no la gustaba pero por otro lado se moría de ganas de volver a verle pero no se atrevió ni a pedirle su teléfono ni a decir nada inapropiado.- Como quieras, y una vez más...gracias por todo, Lewis.
-A ti. Buenas noches -dijo Liev caminando por la calzada-. No vuelvas a meterte en coches con extraños, y por tu bien, no dejes que otro desconocido entre a tu casa por las buenas, podrían no querer hacerte nada bueno.
Pensaba en la carta de Liev mientras se despedía; más consejos y más y más y más... siempre aparecía los dichosos consejos...
- Claro - dijo con una sonrisa.- Aunque... tu ya no eres un desconocido... vuelve cuando quieras, ya sabes donde vivo.- rió desganada.
-No pienso volver, Gabrielle, ya te he puesto en demasiado peligro -echó una ojeada atrás vestida de triste sonrisa. Posiblemente nunca volviera a verla.
- Pero.... no entiendo... - dijo sin traspasar el umbral de la puerta.- ¿por qué me has puesto en peligro...?- sintió una ligera punzada de terror.
-Adiós exploradora.
A Gabrielle se le heló la sangre en las venas al escucharle y abrió los ojos como platos. Sintió que se ahogaba y se giró para retomar aliento un instante. Al volverse la calle estaba vacía.
- No puede ser...- la cabeza la estaba matando. Entró en casa y cerró la puerta sin creerse aún lo que había pasado. Estaba muy cansada y necesitaba dormir, pero en sus ojos había un brillo especial, había tomado una decisión muy importante. Era él... no cabía duda. Mañana sería otro día, un gran día.
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