El despertar fue como no recordaba en muchísimo tiempo. Su excitación podía observarse fácilmente, ya no sólo en los sueños que había experimentado, también su cuerpo mostraba signos inequívocos de la trampa que el subconsciente le tendía aquella noche.
Liev pasó una mano a lo largo de la melena castaña contemplándose en el reflejo del cristal que colgaba, peligrosamente roto, en la ventana más próxima a casa de Gabrielle. Incluso estando lleno de polvo podía ver reflejados sus ojos, que tantos problemas le habían ocasionado antaño por ser sumamente reconocibles: uno verde, otro azul… Si no fuera por la habilidad innata de que disponía para recorrer las sombras y todos aquellos parajes donde nadie, ni siquiera los seres más retorcidos habían osado entrar, habría muerto indudablemente mucho antes. Pero Gabrielle no temía sus ojos, allí seguía, contemplándole al despertar.
–¿Eres real? –Preguntó al reflejo de la chica tres metros por detrás, en el cristal–. ¿Estás ahí?
–¿Quieres que esté? –Se interesó la voz que había imaginado para ella.
–Sí, esta noche sí…
–No me dejaré, sabes que no estoy a tu alcance.
–Es mejor que no lo estés, pero me gustaría tanto…
–No digas estupideces –aseveró Gabrielle sonriendo malévola–. Nunca volveré a ésta casa, así me lo ordenaste...
–Las normas sólo viven para morir –confesó lujurioso aproximándose despacio a ella, que seguía dispuesta, al alcance de sus manos...
«¡YA BASTA!» se reprendió dejando de lado la ventana, para regresar al mundo real.
Le costaba tantísimo trabajo estar sereno. ¿Qué ocurría? ¿Por qué ese comportamiento temperamental y lamentable? ¿Qué había de su imperturbabilidad?...
Era todo… era todo culpa de su olor, de nuevo, por todas partes.
Caminó a zancadas hasta la puerta. ¡Otro sobre! Lo leyó conteniendo la lascivia que le acosaba desde el despertar, devorando las líneas que su exploradora dedicaba con visible esfuerzo por mejorar la caligrafía.
Una vez terminada la lectura inhaló el papel; estaba convencido de que lo perfumaba completamente a propósito, malévola… Bien… Él también sabía jugar fuerte.
Querida Gabrielle,
puedes tutearme, no temas, yo te tuteo. Voy a contarte algo que no debería, pero me parece justo compartir un poco de información contigo ¿verdad? Es lo más apropiado.
Me resulta curioso saber que poseo rostro, ya que yo también tengo uno para ti. Te imagino de rasgos ovalados y ojos grandes, pestañas que pueden rozar el cielo cuando ríes y quizá ser acunadas cuando lloras. Tu cuello es pálido y flexible, tu melena oscura, seguramente rodeará tu cintura con mimo, como lo harían mis manos antes de dejarte caer sobre el lecho que te guardo celosamente. Tus labios…
puedes tutearme, no temas, yo te tuteo. Voy a contarte algo que no debería, pero me parece justo compartir un poco de información contigo ¿verdad? Es lo más apropiado.
Me resulta curioso saber que poseo rostro, ya que yo también tengo uno para ti. Te imagino de rasgos ovalados y ojos grandes, pestañas que pueden rozar el cielo cuando ríes y quizá ser acunadas cuando lloras. Tu cuello es pálido y flexible, tu melena oscura, seguramente rodeará tu cintura con mimo, como lo harían mis manos antes de dejarte caer sobre el lecho que te guardo celosamente. Tus labios…
«Estás loco, Liev. Te has vuelto loco, maldito desgraciado…»
Rompió la carta que estaba escribiendo para comenzar una nueva empleando la penúltima página que le quedaba en blanco.
Estimada exploradora:
Me complace saber que ya tengo rostro, te comunicaré asimismo que también he decidido ponerte uno, claro que esto no tiene la menor importancia.
Tu dolor es tuyo, cierto, ten a bien recibir el sincero consejo de un amigo: el dolor es lo único que tenemos, da igual de qué condición seamos. Aún así, me alegra más de lo que piensas saber que no eres tan infeliz como pensaba.
Respecto al mundo, sepa usted señorita que es así. Yo intenté cambiarlo y no pude. No pretendo arrojar un jarro de agua fría a tus buenas intenciones, pero las personas no cambian con facilidad y siempre, siempre, miran por sí mismas. La gratitud y el agradecimiento sólo son fórmulas que se utilizan cuando no se tiene el valor necesario de reprochar con furia la tardanza de un encargo. No son sentimientos sinceros, no los esperes de nadie.
También me alegra saber que hace mucho no te ocurre nada destacable, ¿pueda ser una buena señal? ¿Puedo interpretar que tu mundo se reconstruye?
Te haré una confidencia: hace muchos años, cuando empecé a tomar conciencia de mí mismo y mi situación, comencé una nueva vida con la premisa de que iba a ser la mejor de todas. Lo fue hasta el momento en que olvidé quién era, olvidé mi destino… El tiempo me lo está haciendo pagar.
Por eso trabaja por y para ti Gabrielle, nadie va a regalarte nada. No cuentes con que tu felicidad sea responsabilidad ni de tus progenitores ni de tu pareja, eso es una ilusión: sólo tú eres dueña de tu suerte. Cuanto antes te hagas a la idea, antes dejarás de sufrir y serás quien quieras ser.
Esta reflexión me conduce a otra pregunta que ronda mi cabeza unos días: ¿quién quieres ser? ¿qué piensas que te depara el destino? ¿Cuáles son tus ilusiones? Cuéntame cómo has pensado que serán los años venideros, puede ser divertido para ambos.
Saludos, exploradora.
Liev
Tu perfume es un arma de doble filo, úsalo con prudencia.
Escribió antes de dejar el sobre en la ventana.





