Gabrielle descubrió el sobre un par de días después del accidente. Se sorprendió ante su visión ya que no parecía ser nada de publicidad... Lo tomó en sus manos con cuidado y percibió que se había mojado ligeramente por la lluvia acaecida la noche anterior pero no parecía estar estropeado.
Lo subió a su habitación, a pesar de estar sola en casa, para leerla con más tranquilidad. Se recostó en la cama y lo abrió. Tras la lectura se quedó sin habla; parecía que esto iba en serio. Alguien se preocupaba por ella y ese alguien vivía en la casa abandonada. Tomó papel y boli y comenzó a redactar la que sería su tercera misiva.
" Querido nadie;
Agradezco su preocupación, pero estoy bien. Mi madre ha tenido un pequeño accidente, saldrá del hospital en pocos días.
Perdone mi atrevimiento pero lo cierto es que comencé este pequeño juego sin imaginar jamás que pudieran llegar a contestarme. Siento mucho haber entrado en su casa sin permiso, pero el aspecto que ofrece es de abandono absoluto. Usted ya sabe más cosas de mí de las que me gustaría y seguramente me tomará por una niñata sin más, aunque insisto que nunca creí que esto fuera posible.
Lamento enormemente haberle molestado con mis absurdas intimidades, ha sido un placer tener sus valiosas misivas en mis manos..." Paró un momento y miró hacia la casa.
- ¿Pero que demonios estoy haciendo?, ¿ y si fuera un pervertido o un asesino... o cualquier cosa...? - se le humedecieron los ojos. Fuera quien fuera, era la persona que más le había escuchado y preocupado por sus cosas en toda su vida sin interés aparente así que se infló de valor sin pensar en nada más que en ella misma y continuó escribiendo.
" Nunca he querido preocupar a nadie con mis pequeños asuntos pero es agradable tener un oído confesor en los tiempos que corren. Si me permite el atrevimiento... ¿quién es usted?, ¿por qué habita un edificio que parece que dentro de poco podía venirse abajo? ". Cayó en la cuenta de que estaba dando muchas cosas por sentado y tal vez solo fuera algún bohemio al que le gustaba ese lugar para inspirarse, pero realmente no vivía ahí, pero le divertía pensar que realmente tenía un vecino misterioso que nunca salía de casa. Continuó escribiendo.
"No voy a alargarme más. Es un placer para mí conocerle. Un saludo muy grande. Gabrielle."
Pesó en la primera carta; había firmado L.
- Tal vez Luis.... o Leonardo.... Lestat....- miró el libro de Anne Rice sobre su mesita y rió sacudiendo la cabeza por lo absurdo que resultaba todo, si su padre se enteraba de esto...
Bajó y depositó la carta en el buzón de la puerta, esta vez sin entrar y en pleno día. No había nadie en su calle así que no importaba demasiado que alguien la viera meter algo por la rendija de la puerta , ya que estaba abierta y cualquiera podría entrar sin mayor complicación. Le había puesto su perfume favorito: Chloé de Michel Almairac, uno de los caprichos que nunca dejaría de permitirse y volvió a casa. Hoy no la apetecía tocar el piano. Se puso a leer un rato antes de hacerse algo de cenar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario