jueves, 24 de enero de 2013
Fantasmas
Llovía muchísimo y Gabrielle miraba por la ventana, contemplando la casa de en frente con una dulce melancolía que la invadía desde hacía muchas horas, desde que había leído la carta de Liev, la curiosa carta fría y objetiva, como acostumbraba. No le había contado si le gustaba la música o no, sólo le hablaba desde la voz en Off de un padre cualquiera. Las notas de esta conversación le había entristecido. Soñó las manos cálidas de su misterioso fantasma cayendo sobre sus hombros, acariciándola con mucha suavidad mientras ella miraba la lluvia. Nunca había dejado que nadie la tocara de esa forma, pero él era tan diferente...
- Liev... - miró el reloj de pared, eran más de la una y media de la mañana. Hacía más de medio mes que su madre estaba hospitalizada, los daños cerebrales habían sido acuciantes pero no mortales, suponía que no volvería a casa hasta dentro de bastante tiempo y con su padre hacía mucho que no se cruzaba de igual modo; fantasmas todos y ella no podía pensar en nada más que en él.- ¡Qué silencio...!
Había comenzado una composición en el piano, y era solo para él pero ése sería su secreto por el momento. Subió a su escritorio y sacó su nuevo blog de cartas. Se había comprado dos idénticos; color beige con un precioso piano impreso en el fondo de un decorado lleno de partituras. Comenzó a escribir un poco soñolienta:
"Buenas noches Liev:
¿Por qué me pregunta eso; importa en quién quiero convertirme cuando realmente no se a dónde me lleva la barcarola de mi vida? Bueno, por complacerle le diré que siempre he soñado con llegar a ser un pájaro, una nota musical, como es algo bastante imposible es lógico que acabe siendo una profesora de alguna entidad musical y tras el mordisco del mundo lo que realmente seré es una muerta de hambre porque mi padre jamás de considerará heredera hasta que no acceda a convertirme en una esclava de las finanzas, predicando con su ejemplo.
No me ha dicho si le gusta la música. Parece una pregunta estúpida pero usted se ha convertido en un punto de referencia muy agradable en mi vida y me gustaría unirle a mi única pasión verdadera y más cuando se considera mi amigo tan explícitamente; me alegra que pensara así.
Voy a cambiar su buen consejo por un pequeño presente, se que no es mucho, pero es un pequeño retazo de mi persona..."
Dejó de escribir mirando el blog que pensaba regalar a la casa mordiéndose su carnoso labio inferior. Era una bobada, una niñería por su parte... no la importaba demasiado. Continuó escribiendo:
"Usted piensa que carece de importancia el haberme puesto rostro, pero para mi es una bonita forma de demostrarme la seriedad de sus intenciones. Es de agradecer. Esta noche, con su beneplácito, tocaré en su honor, arrullaré su sueño si lo desea o maldeciré sus pesadillas. ¿Puedo pregutarle por qué trato de cambiar el mundo una vez? Usted parece una persona que guarda mucho dolor y aunque nuestro sea, a veces, no está de más comentarlo. Ya me ve... yo no dejo de hacerlo, aunque no sea tan directa como debiera ser...
P.D.: ¿No le complacen las armas de doble filo?
Gabrielle."
Volvió a perfumar la carta con delicadeza. Tomó la libreta y salió de casa en dirección a su mágico vecino invisible. Hoy volvió a entrar en la casa pese a la prohibición del habitante por dos motivos: el blog no entraba por la rendija del correo y si lo dejaba fuera se empaparía por la lluvia. Lo dejó todo en la entrada, pero ya de estar dentro paseó por la casa en busca de un piano, la primera vez que entró en el lugar le pareció verlo de refilón en una sala cercana al salón. Entreabrió la puerta y efectivamente, allí estaba lleno de polvo, completamente abandonado... negro, con un grabado en la tapa superior. Miró en ambas direcciones y sintió un escalofrío, como si la observaran, así que decidió no llegar más lejos, a pesar de desear con todas sus fuerzas comprobar si todas las teclas estaban en su sitio.
Regresó a su fría y oscura casa. Encendió la chimenea y se adormeció mientras leía tapada con una manta en el sofá del salón, pensando solo en poder afinar aquel maravilloso descubrimiento. Sonrió cayendo en brazos de Morfeo olvidándose de tocar por completo.
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