sábado, 1 de marzo de 2014
Diamantes por lágrimas
- Me gustaría que esta noche saliéramos a cenar...¿qué te parece?- dijo James con dulzura.
- Sí, claro...- Gabrielle estaba un poco anonadada por la invitación, hacia casi un mes que trabajaban juntos y era la primera vez que se dirigía a ella para tratar algo no profesional.
- Bien...- el hombre parecía contento de que hubiera sido tan sencillo.- Entonces te paso a buscar a las nueve, por tu casa...no hace falta que te arregles mucho.- respondió al instante sonriendo.
- Me parece bien...- Gabrielle salió del despacho con el corazón rebotando con rudeza en su pecho.
Cuando llegó a casa se fue directa al armario. No sabia muy bien que ponerse, recordó lo que James le había dicho y comenzó a sacar ropa y a posarla encima de la cama. Después de probarse medio armario decidió que se pondría el pantalón negro de pinza con con un jersey de cisne marrón oscuro, sus botines de tacón negros y llevaría el pelo castaño suelto y planchado. Formal pero elegante. De complemento un collar de cuentas marrones más claro que combinaba a al perfección. Hacia tiempo que no se tomaba la molestia de vestirse así. Se maquillo discreta y a las ocho y media estaba completamente arreglada así que bajo a la cocina y se sirvió una copa de vino tinto.
Él llegó puntual y llamó a la puerta. Ella le recibió con una gran sonrisa y le acompaño hasta el coche; un mercedes, pensó para sí que era un coche demasiado clásico para James y sonrió. Llegaron al restaurante, el estaba guapísimo vestido con unos vaqueros oscuros, su jersey de pico rojo y su chaqueta de cuero negra. Se mordió el labio cuando pidió la mesa que tenia reservada a la recepcionista, había sido muy detallista con todo. Cuando se sentaron y después de pedir la cena, James se la quedo mirando un momento en silencio.
-¿Qué pasa...?- preguntó ella inquieta por su mirada.
- Tengo que decírtelo Gabrielle, eres una mujer preciosa... no entiendo como es que jamás he visto a tu chico por los alrededores de la academia esperándote...- le dijo sin dilación.
"Arriesgado James, muy arriesgado..." pensó la chica.- Bueno, si no le has visto es porque no tengo...-rió, sabia perfectamente el motivo de la frase, pero le gustó el enfoque.
- Eso es...perfecto.- dijo él tomándola de la mano que tenia sobre la mesa. Ella se sonrojó.
Pasaron las horas como si fueran minutos y tras la cena hablaron de muchas cosas muy interesantes, pero sobre todo de música. Cuando se quisieron dar cuenta eran los únicos que quedaban en el local.
- Creo que lo mejor será que te lleve a casa de nuevo...- dijo esperando que ella le sugiriese ir a otro sitio.
- Sí... será lo mejor.- contestó ella.
Decepcionado por la respuesta la acompañó hasta la puerta de su casa y cuando ella se disponía a bajar del coche la agarró de la mano con suavidad.
- Gabrielle...yo...bueno, llevamos un tiempo trabajando juntos y la verdad es que quería...- Gabrielle le interrumpió contundente provocando que el chico se sintiera algo violento pero la sujetó con más fuerza.
- James, me gustas, pero no sigas... He disfrutado de tu compañía...quizás otro día...- fue a bajarse del coche pero el no la soltaba, le miro un poco confundida y en ese momento él tiro de ella con fuerza haciéndola caer de nuevo dentro del coche casi encima suyo y le robó un beso. Gabrielle no apartó la cara, pero sentía que algo no iba bien del todo en su interior.- Tengo que irme...- dijo deshaciéndose de James y saliendo del coche.
El espero a que ella se fuera y condujo hasta su casa a cierta velocidad. Cuando llegó subió derecho a la cocina y se abrió una cerveza maldiciendo para sí.
- Eres clásica eh, bueno, yo tengo paciencia, caerás Gabrielle, caerás... me gustas mucho pequeña te haré caer en mi cama...- murmuró lujurioso mordiéndose el labio.
Gabrielle entró en su habitación y al cerrar la puerta se dejo resbalar apoyada en la puerta tocándose el pelo y suspirando con fuerza. James la había besado, y debería de haberle gustado...que demonios fallaba... Liev, ella lo sabía, fallaba Liev. Aun podía sentir que entre ellos había habido algo muy intenso, ¿por qué narices no era capaz de recordar apenas nada? Era frustrante tener el sentimiento y las sensaciones sin recuerdos. Se levantó y se metió en la cama. Mañana era sábado, al menos podría relajarse tocando unas cuantas horas seguidas, desde que empezó con las clases a penas tenía tiempo para su piano.
Cerro los ojos y comenzó a llorar casi sin querer. Nada... no podía casi recordarle... ¿por qué?, ¿por qué?...
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