Cuando llegó al sofá donde la otra vez había dejado su letra...¡no la encontró!. En su lugar había una carta con una fantástica ortografía. La leyó allí mismo, aterrada. ¡¡ LA RESPONDÍA !! Alguien había leído sus secretos y le hablaba desde algún sitio con más altivez de la que ella se esperaba. Su primer impulso fue salir corriendo, pero cuando su agitada respiración se clamó un poco decidió ver si realmente había alguien en el lugar.
Se acercó a las escaleras pero estaban derruidas, evidentemente por allí nadie podía subir. Recorrió varias salas maravillándose de lo grandiosa que debió de ser hace bastantes años hasta que encontró una pequeña puerta de madera que conducía a un patio exterior. La maleza lo cubría todo en su gran mayoría pero realmente quedaba muy decorativo. Sonrió y negó con la cabeza. Evidentemente ahí no había nadie. Seguramente algún o alguna adolescente explorador/a había entrado en la casa, como había hecho ella y había contestado a su carta porque le resultaría divertido. Se sintió bastante estúpida y salió del patio. Allí fue donde se cayó su segunda misiva... objeto que no pensaba dejar intencionadamente después de lo ocurrido.
Cuando llegó a casa se preparó una infusión de valeriana y suspiró antes de ponerse a tocar. Olvidó completamente la carta y también decidió dejar de escribir a la casa, era evidente que cualquier persona podría leerla con facilidad, así que sería mejor comprarse un diario, como hacían la mayoría de las chicas de su edad.
Fue Schumann quien la devolvió a su realidad ficticia... a pesar de su dificultad técnica, solo él sabía masajearle las manos de la formas más complaciente. Después de estar un rato tocando llegó su prima Carolina a casa y la recibió con cariño, trajo el oboe, debía de haber salido de clase. Carolina estudiaba bastante cerca de allí.
- ¿ Te gustaría que te acompañara un rato?, me apetece tocar...- dijo sonriente sin comentarle nada sobre el concierto que se acababa de dar antes para sí misma con las "escenas de niños".
- Claro...- sonrió Carolina un poco tímida. Realmente su prima nunca le había pedido algo así.
Sacó el instrumento y tras montarlo tocaron hasta que los padres de Gabrielle llegaron a casa y se puesieron todos a cenar. Realmente hoy parecía todo normal... realmente no se volvió a acordar de la casa hasta algún tiempo después.


