9 Septiembre
Interesante Gabrielle, muy interesante.
No te escribe una casa en ruinas, no escribe tu querido Nadie. Puede que yo sirva para consolar esa parte que comentas deseas compartir con un amigo.
Esta noche pensé que sería una más, una noche como cualquier otra de las tantas que ha distinguido mi persona cuando ¡oh!... Hacía tantísimo no veía un sobre cerrado a la espera de ser leído que no pude sino emocionarme ante la idea de abrirlo y descubrir, ávido, el contenido de la misteriosa carta. Qué sorpresa, Gabrielle, qué cantidad de filosofía encontrada fortuitamente en un sofá.
Leí tu carta, fui cómplice de tus pensamientos, tus dudas, tu dolor; no creas que no me conmovió. Tu vida tiene aspecto de estar tan desangelada como tú misma. El trazo de tu pluma lo evidencia, esos quiebros que se suceden intermitentes, esas líneas que quedan mudas cuando trazas eles, esa grafía redondeada… ¿Qué edad tienes? Estimo no llegas a veinte. Con la confianza de un extraño te diré que hace años, cuando era joven, las mujeres de veinte años y menor edad también tenían problemas, pero no como los que describes, no tan enormes, aterradores ni dolientes. En fin, al menos tú tienes tu piano “el piano que te escucha”… Y una casa abandonada donde dejar cartas, por supuesto.
Ahora bien, ¿cómo consolar las anodinas cuestiones que te atormentan, Gabrielle? ¿Cómo servir de bálsamo a tu alma en busca la felicidad? No hay consuelo, extraña. Cuanto antes tomes conciencia, antes te convertirás en la compañía que merece tener esta casa abandonada.
Has sido muy presuntuosa al suponer que no albergo más ocupación que dedicarme a tus letras.
L

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